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El gusano látigo: por la boca se coló

Nunca nos cansamos de vigilar la higiene de nuestra mascota, queremos que nuestro perro viva y crezca sano. Pero también queremos que se desarrolle en libertad y disfrute de espacios donde comparta sus aventuras con otros perros, e incluso se distraiga con los animales silvestres. Las condiciones higiénico-sanitarias y el hacinamiento en estos espacios determinarán el riesgo de existencia de parásitos que pueden infestar y suponer un riesgo para nuestra mascota.


Es prácticamente improbable evitar la existencia del gusano látigo, de la familia de los nematodos gastrointestinales (Trichuris vulpis), pudiendo estar presente en el suelo, los alimentos abandonados, el agua, así como en las heces y la carne de animales infectados. La curiosidad, innata en nuestros amigos, los llevará a olisquear excrementos de otros animales, a ingerir restos de alimentos y a beber agua que no esté supervisada. Es entonces cuando esa curiosidad les traiciona y les desprotege ante este parásito que consigue introducirse en su cuerpo a través de la boca y fijarse, principalmente, en la mucosa de su intestino grueso (ciego y colon).


La tricurosis, patología parasitaria originada por este nematodo, es una enfermedad cuya gravedad dependerá de la cantidad de gusanos que haya ingerido el can o se hayan desarrollado en el interior de su organismo. La enfermedad puede originar pérdidas de sangre y derivar hacia una enfermedad crónica, o incluso mortal si no se trata a tiempo.

¿Quién es el gusano látigo y cómo infecta a mi perro?
El gusano látigo tiene un ciclo de vida directo. Los gusanos hembras adultos liberan los huevos desde el interior del intestino de un animal infectado. Los huevos son evacuados con la materia fecal, siendo muy resistentes al medio, y pueden sobrevivir en el entorno como mínimo 5 años. 


Las larvas inician su vida después de eclosionar los huevos en el interior de las heces depositadas en el suelo por un animal contaminado. Estas larvas infectivas, penetran en nuestro perro por ingestión directa de agua, alimentos o por lamer objetos contaminados. Se trata de un gusano pequeño, de entre 3 y 5 centímetros, con silueta redondeada y una forma característica de látigo, delgado por la parte anterior y grueso por la posterior (forma de mango). El gusano se alojará en la mucosa del intestino grueso y comenzará a chupar la sangre. El perro infectado no sólo sufrirá la enfermedad, sino que también actuará como originador del ciclo vital que necesita el gusano, excretando finalmente los huevos con sus heces.


¿Cómo puedo sospechar que la enfermedad está presente?
Generalmente, los gusanos látigo afectan tanto a cachorros como perros adultos. La infección que origina el gusano látigo puede pasar desapercibida si el parásito está presente en pequeñas cantidades. Pero puede ser especialmente compleja si la cantidad es grande, ya que puede desencadenar una reacción inflamatoria de la mucosa, y ocasionales hemorragias, que si alcanza un estadio crónico puede originar la formación de adherencias entre el ciego y el peritoneo. Por lo que, si detectamos cualquier síntoma deberemos acudir a nuestro veterinario para que realice una exploración en busca del parásito en las heces.


Los síntomas más notables y comunes de esta enfermedad son:

  • Diarrea, que puede ir acompañada de sangre
  • Presencia de sangre en las heces
  • Anemia 
  • Pérdida de peso y debilitamiento físico

¿Cuál es la mejor prevención?
El control y el tratamiento de estos parásitos se basa en el empleo de tratamientos antiparasitarios, que dependiendo del grado de riesgo de infección deberán aplicarse con una frecuencia u otra.


En ocasiones, y si conviven diferentes perros y animales en una misma zona, hay que cambiar y sustituir los suelos, para minimizar el riesgo y la presencia de posibles huevos de gusanos látigo.


Otras medidas pueden ser desinfectar las jaulas y las casetas compartidas, no dejar alimentos ni agua desatendidas, recoger lo antes posible los excrementos, etc.


No obstante, la mejor medida preventiva será llevar, mensualmente, a nuestro animal al veterinario, para que le dé la Doble Protección Mensual, garantizando así la protección de nuestra mascota por dentro y por fuera de su organismo.


Recuerda que aunque sea invierno y las temperaturas sean bajas, hay parásitos, como el gusano pulmonar, que no desaparecen. Así que es importante una correcta prevención mensual antiparasitaria frente a los parásitos internos y externos más comunes de nuestro entorno, para tener protegida a nuestra mascota todos los días del año.

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