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El gusano ganchudo: cuando la curiosidad les traiciona

¡Niños, a lavarse las manos antes de comer! ¡Niños, no juguéis con la tierra sucia! Son medidas higiénico-sanitarias que seguro que nos suenan, por haberlas incorporado a la educación infantil y a la lista de hábitos saludables que inculcamos a nuestros hijos, y que practicamos - o deberíamos - también los adultos.
 

¿Otra mascota en mi terreno? ¡Qué aroma tan apetitoso! ¿Un desconocido olfateando? Es fácil que tu mascota haya pensado, alguna vez, algo parecido a esto durante su paseo por la calle, el parque o la montaña. La curiosidad es innata en nuestros pequeños amigos, y sin poder evitarla, los lleva a olisquear excrementos de otros animales, a lamer restos de alimentos abandonados o mordisquear las piedras.
 

Es entonces cuando esa curiosidad les traiciona y les expone ante nuestro potencial enemigo - el gusano ganchudo, de la familia de los nematodos gastrointestinales (Ancylostoma caninum) – que consigue introducirse en su cuerpo y fijarse, principalmente, en su intestino delgado.
 

La anquilostomiasis, la enfermedad originada por este nematodo, es una enfermedad grave que provoca heces con sangre y puede poner en peligro la vida de nuestro can. Siendo una parasitosis muy común (hasta el 30% de los canes la portan), es también un riesgo importante para los humanos que la podemos contraer; a través del contagio por la piel y por la ingesta directa derivada de una mala práctica o hábitos higiénicos. Una adecuada desparasitación preventiva será la mejor manera de ayudar a nuestra querida mascota y de evitar ponernos en peligro, ¡a nosotros también!

¿Quién es el gusano ganchudo y cómo infecta a mi perro?

El gusano ganchudo tiene un ciclo de vida directo pero complejo. Las larvas inician su vida después de eclosionar los huevos en el interior de las heces depositadas en el suelo por un animal contaminado. Las larvas aprovechan la humedad de la vegetación para desplazarse y esperar, durante incluso semanas, el paso de un animal hospedador. Estas larvas infectivas, penetran en nuestro perro por ingestión directa de agua, basura o por lamer superficies contaminadas, pero también por simple contacto y penetración en la piel. Se trata de un gusano pequeño, de entre 5 y 15 milímetros, con silueta redondeada y una forma característica de gancho o garfio en su parte anterior, donde se ubica una gran cápsula bucal con dientes cortantes. Son precisamente estos dientes, los que utiliza para perforar la piel (requiere un contacto de al menos 5 a 10 minutos) y alcanzar el riego sanguíneo, y para fijarse a las paredes intestinales de nuestra mascota desde donde le chuparán la sangre (hematófagos) y producirán los huevos. El perro infectado no sólo sufrirá la enfermedad, sino que también actuará como originador del ciclo vital que necesita el gusano, excretando finalmente los huevos con sus heces.
 

¿Cómo puedo sospechar que la enfermedad está presente?

La infección que origina el gusano ganchudo puede ser especialmente grave ya que éste produce un anticoagulante en la saliva para poder chupar sangre sin que coagule la herida. Incluso cuando abandonan una herida, para cambiar de ubicación, la herida que han dejado sigue sangrando.
 

Los indicios y gravedad de la anquilostomiasis dependen de la cantidad de parásitos presentes en el animal. Por lo que, si detectamos cualquier síntoma deberemos acudir a nuestro veterinario para que realice una exploración al microscopio en busca del parásito en las heces.
 

Los síntomas más notables y comunes de esta enfermedad son:

  • Vómitos y diarrea, que puede ser sanguinolenta.
  • Palidez de las encías y las mucosas, evidenciando signos de anemia.
  • Pérdida de peso, desnutrición y debilitamiento físico (caquexia).
  • Pelo desgreñado y seco.
  • Apatía y bajo estado de ánimo.
  • Perturbación del desarrollo y el crecimiento en los cachorros menores de 12 meses.
  • Cuando el gusano penetra en la piel deja líneas sobreelevadas y enrojecidas.

¿Cuál es la mejor prevención?

Es muy conveniente tomar precauciones higiénicas y evitar que las mascotas ingieran basuras o tierras sospechosas de estar contaminadas con larvas, evitando ambientes potencialmente infectados, pero muy a menudo esto va a ser difícil de conseguir. Por este motivo, y en especial en hogares con niños, es muy recomendable que las mascotas aprendan a no defecar donde juegan los menores. No obstante, la mejor medida preventiva será llevar, periódicamente, a nuestro animal al veterinario, para realizarle los análisis y desparasitaciones que nos prescriba, garantizando así la protección de nuestra mascota por dentro y por fuera de su organismo mediante una Doble Protección Mensual. Infórmate en tu veterinario y si le enseñas el cupón que podrás obtener aquí, conseguirás un obsequio.

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